por el 26/10/14 at 12:00 am

freddy429_carlos

Ni él ni yo somos responsables de la amistad que heredamos. Mi papá y su mamá eran grandes amigos y lo mismo sus tíos. No llevamos el mismo apellido, pero cada vez que hablaba de mi papá se refería al tío entrañable y coleccionaba sus anécdotas. Carlos era mi amigo feliz, nunca le preocuparon mucho las dificultades en la vida, sabía que de alguna manera los resolvería y vivía simplemente sin ostentar. Era aristócrata de nacimiento, eso lo tenía en la sangre por su madre. Carlos era el chiste permanente, la ocurrencia a flor de piel, el disfrute de la vida, la picardía ambulante. Estar a su lado era entrar en conocimiento de un nuevo lenguaje, para todo tenía una expresión simpática que te hacía reír.

–Yo no voy a médicos –decía siempre. ¿Y pa’ qué? Esos bárbaros solo dan malas noticias.

Tampoco iba a funerarias, muerto de risa comentaba que solo iría cuando le tocara el turno y cuidao… nadie sabe.

El día que enfermó lo fui a visitar. Me encontré al Carlos de siempre, sonriente; me dijo –como quien hablaba de algo superficial– que la cosa esa le había picado. La cosa, refiriéndose al cáncer. No le dio ninguna importancia o por lo menos eso me hizo creer a mí.

Palmar de Ocoa era su paraíso terrenal. Varias veces fui con él y su esposa, y mejores atenciones no he podido tener en mi vida. Cada minuto vivido a su lado era garantizado por la alegría.

Sus cuentos, salpicados con expresiones jocosas, te obligaban a la celebración constante.

Le tocó el turno y lo enfrentó con sencillez, valentía y hasta cierta conformidad, como si lo estuviera esperando.

Cuando le preguntó al médico cuántos años le quedaban de vida…

–¿Años? –le interrumpió el médico… meses…

–Págale y vámonos le dijo al hijo, esto parece que se acabó –y sin decir más salió a la calle.

Carlos nos enseñó a todos sus amigos que la muerte es un paso más, una transición, y que hay que esperarla con resignación.

Estuve con él al lado de su cama, mi amigo se fue apagando lentamente pero jamás perdió su sentido del humor. Hizo chistes de los momentos más difíciles.

Carlos, ahora que te pienso, gracias por tu amistad, gracias por tu ejemplo de vida… La muerte, como me has enseñado, también debe ser una celebración, y el tiempo que pasamos juntos ha sido un regalo valiosísimo que jamás podré olvidar.

Dos días antes de morir, estando a su lado, me miró y –sospecho– vio el dolor y la pena dibujada en mi rostro; me regaló su mejor sonrisa, me guiñó un ojo y me dijo bajito: no te preocupes, que de esta no me voy, y luego cerró los ojos y se durmió. Le di en silencio gracias a Dios por este amigo y, también en silencio, le dije: espérame que en algún lugar seguiremos celebrando esta amistad que es eterna.

 

7 Responses to “”

  1. katherine

    Oct 27th, 2014

    Linditas letras

  2. Ginny Estrella

    Oct 29th, 2014

    Hermoso artículo, como siempre, hecho desde unos ojos que ven y un corazón que es movido por el amor. Eres muy especial Freddy, y Carlos también! Retrataste la amistad y el amor que los seguirá manteniendo unidos para toda la vida. Hemos disfrutado y compartimos tu maravillosa forma de vivir y de recordar a nuestro inolvidable Carlos!

  3. marnaud

    Nov 1st, 2014

    Llore…

  4. Pedro Troncoso

    Nov 1st, 2014

    Querido Tío Freddy:

    La descripción de tío Carlos en tu artículo me ha permitido revivir en minútos tantos buenos momentos que compartimos con ese gran ser humano que papa Dios tuvo a bien llamar a su lado para alegrar aún más el cielo. Era una persona especial que hacía cosas especiales y nos hacía sentir igualmente especial.

    Gracias por recordarlo en tu columna.

    Un abrazo,

    Pedro Troncoso

  5. Dulcinea del Toboso

    Nov 4th, 2014

    Gracias por estos artículos, son una joya y sería un privilegio tenerlo de amigo.

  6. Zamira Pou

    Nov 13th, 2014

    Hermoso!

  7. Noelia

    Nov 14th, 2014

    Que belleza!!! Asi si es que vale la pena vivir.

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