Borromeo

por el 01/03/15 at 12:00 am

borromeoNo recuerdo cuál de nuestros compañeros de curso le cambió el nombre a Luis José. Pero estoy seguro que si a alguno de los sobrevivientes de nuestra clase le preguntan ese nombre todos dirán que no lo conocen, pero si dicen Borromeo, con una sonrisa, lo recuerdan de inmediato.

Con el tiempo los más íntimos lo llamamos Borro, y él y ya toda su familia, rebautizado, lo llama igual.

Borro es un tipo gozón profesionalmente, con los años al igual que todos nosotros, está sobre los setenta, ya padecemos de alguna enfermedad, al que no le ha dado un infarto pues superó un cáncer, o tiene Parkinson, o un reumatismo tremendo, o sufre del estómago y ya no puede beber ni comer ciertos alimentos; en fin, que cada vez que nos juntamos, cosa que tratamos de hacer una vez al año, estos encuentros, luego de mirarnos la cara y ver lo destartalados que estamos, algunos aún privan en muchachitos, otros sin confesar se han dado sus tironcitos, algunos no pierden el color del pelo gracias a tratamientos que les dan sus esposas y un etcétera larguísimo que no conviene mencionar.

Borro está sentado a mi lado, bebemos vino.

–Esto es lo que mejor me cae –dice después de la cuarta copa–, ya no soporto los licores fuertes.

Borro, después de un susto del corazón, lleva un régimen de ejercicios y alimentación bien estricto y además ha establecido con su médico una íntima relación. Nada le produce más alegría que estas visitas médicas y, sorprendentemente, se ha convertido en experto en su caso y hasta discute con el galeno sobre medicinas y síntomas. Luego, cuando regresa del hospital, cuenta con lujo de detalles todo lo que le ha sucedido en la visita y las nuevas medicinas que debe tomar, hasta entusiasmado y contento lo hace.

–Ya estamos más cerca –me dice mirando a los demás compañeros que están en la mesa. ¿Te has fijado en el brillo de la calva del vecino? –señalando con la boca al amigo– y pensar que tenía esa melena matadora, ¿recuerdas?

Me río a carcajadas.

–Borro, hay que ir pensando en la despedida, cada vez somos menos.

–Ya arreglé lo mío –me dice tajantemente.

–¿Cómo así?

–Polvo eres y en polvo te convertirás –me impresiona con su sentencia bíblica.

–¿Y eso?

–Nada. Que ya hablé con mi mujer, por si me iba primero, que al instante me llevaran al fogón y me quemaran.

–Tú dirás al crematorio.

–Es lo mismo, fuego y sanseacabó.

–Y las cenizas al mar o a algún panteón –comento mientras saboreo el vino que me sirven.

–Las cenizas deben de estar donde estén tus familiares, es decir aquel lugar que visiten siempre.

Tú sabes que a los cementerios ya no va nadie.

–¿Y dónde piensas que deben de ponerlas? –pregunto intrigado.

–Las quiero repartidas.

–¿Y eso no complica mucho las cosas?

Como Borro es santiaguero pienso quizás que las repartirá entre el monumento de Santiago y el obelisco de Santo Domingo.

–Mira Freddy, mi señora esposa desde que se levanta tiene algo que comprar, su vida está repartida entre 360 y Ágora Mall. Estoy buscando un notario que tome nota y esparzan las cenizas en ambos moles… allí ella me sentirá seguro. Quiero que pongan algo en el supermercado, y nueve o diez tiendas que son sus favoritas. ¡Ah! y un chin en Ikea. ¿No crees que tengo razón?

Mi carcajada todavía se escucha en el restaurante.

 

3 Responses to “Borromeo”

  1. Fernando Villanueva

    Mar 1st, 2015

    La verdad es que tu estas consciente de lo que es esta corta vida, sigue disfrutando sanamente y eso formara parte de tu proposito de vida. Que Dios te bendiga! Freddy.

  2. Johanny Michell Rosario

    Mar 2nd, 2015

    ay padre que risa, ese amigo suyo si que es sabio, aun en la muerte espera seguir cuidando a su esposa y haciendole compañia mientras va de compras, excelente como siempre Don Freddy alegro mi mañana…

  3. MANUELA

    Abr 18th, 2015

    JAJJAJA, QUE TREMENDO, ME ENCANTAN SUS COLUMNAS, SON MUY JOCOSAS. BENDICIONES.

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