Ana María Acevedo

por el 03/05/15 at 12:00 am

freddy453_ana_acevedoFue Josefina Padilla quien me la presentó. Eran tiempos difíciles y tanto ella como su marido, un joven dirigente universitario, tenían un tinte rojo en el corazón y en el alma.

Eran los inicios de un experimento llamado Casa de Teatro y mi sueño no era más que un sueño, un sueño donde pensar diferente, que era el caso de muchos de los jóvenes que acudían, podía pagarse con la vida. Ana María era mi mano derecha. Incansable, trabajábamos sin fin, apasionados los dos por un país que imaginábamos con más oportunidades para todos, más justo.

Fueron muchas las noches desvelados preo-cupados por el dinero que no nos alcanzaba para pagar los gastos. La casa se convirtió en refugio de muchos, tanto así que la idea original de Angel Haché de hacerla solo para teatro se convirtió en casa de música, folclor, artes plásticas, ballet, fotografía y cuanta disciplina huérfana necesitara un hogar.

–Freddy –me dijo Ana María una noche en que estábamos en el patio, la casa llena, la galería vistiendo una colectiva de los mejores pintores dominicanos–, esta casa es un volcán en erupción, tenemos que mantenerla viva.

Cuando yo desfallecía, ella buscaba la manera de darme ánimos y, muy creativamente, de orientarme para encontrar fondos y resolver los pagos del mes.

Ana María era una mujer formada por sí misma, deseosa de aprender, era como una esponja para quien toda oportunidad de crecer como ser humano era importante. Era tan justa y honesta que a veces podía escandalizar a quienes la rodeaban, jamás transigía con sus convicciones y, si cometía un error, con toda la humildad lo reconocía.

La vi desarrollarse lentamente sin renunciar jamás a sus creencias, enamorada de su marido Radhamés, líder universitario entonces perseguido políticamente, una que otra vez, en algunos de sus escondites; tuve la oportunidad de llevarle algún mensaje, algo de comer o el cariño de su gran amor en una carta escrita a mano. Jamás me sentí más útil.

Ana María tenia la capacidad de trabajar incansablemente hasta lograr todas sus metas, muchas fueron las noches que nos sorprendió el amanecer organizando algún evento en Casa de Teatro.

Cuando nació su primera hija me pidió que fuera padrino en el bautizo de Julissa, y eso apuntaló más nuestra amistad. Nuestros caminos tomaron rumbos diferentes, pero en ningún momento decayó el amor que nos teníamos. Podía recibir una llamada suya y respondía de inmediato.

–Necesito tu consejo –y nos reuníamos para conversar, y el amor era el mismo de la primera vez.

Hoy ya Ana María no está físicamente, acabo de despedirme de ella, le dije hasta pronto, sentí su mirada serena, su amplia sonrisa, su risa contagiosa… no siento dolor sino orgullo, satisfacción, he tenido la dicha y el honor de haber sido su amigo y su compadre y de haber vivido a su lado viendo cómo ella me demostraba lo que una mujer es capaz de hacer por su país y por sus sueños. Estoy totalmente seguro de que todos aquellos que vivieron a su lado se sienten al igual que yo, honrados.

Solo mueren los que se olvidan y es imposible olvidarla, imposible…

 

2 Responses to “Ana María Acevedo”

  1. Rossy

    May 4th, 2015

    Muy emotivo Don Freddy, es tan triste y doloroso cuando un amigo se va…..

  2. MANUELA

    May 6th, 2015

    ES TRISTE PERDER A UN AMIGO, PERO EL HABER ESTADO AHY PARA ESE AMIGO, NOS DA PAZ Y CONSUELO.

    BENDICIONES DON FREDDY!

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