La tía Angelita y la eterna belleza

por el 28/06/15 at 12:00 am

freddy461_tia_angelita–Yo no me quiero morir –me dijo la tía.

–Nadie se quiere morir –le contesté sonriente.

–Es que no me gusta, la sola idea me espanta y no me deja dormir –agregó.

Eso me decía tía Angelita constantemente.

–La muerte no me gusta y mucho menos ahora que al fin soy tan feliz.

A mi tía le tocó duro. Desde niña fue una niña mimada y al llegar a su adolescencia se convirtió en una de las mujeres más bellas de Santo Domingo. Cuando caminaba por la calle El Conde no había hombre que no virara la cara para piropearla. La vida le jugó de manera trágica.

Su novio de siempre fue víctima de la tiranía el mismo día que iba a casarse y su mundo, con apenas veinte y pico de años, se desmoronó estruendosamente sumergiéndola en una depresión que desencadenó en locura.

Luego, sus episodios de entra y sale del hospital psiquiátrico fueron violentamente dolorosos para todos aquellos que la queríamos y veíamos cómo frente a nuestros ojos comenzaba a desvariar.

Pasados los años fue recuperando una estabilidad y podría decirse que hasta una tranquilidad y normalidad asombrosas. Desde entonces la tía comenzó a vivir en lo que ella llamaba su felicidad. Mimada por todos, querida, visitada, mantenida.

–Prométeme –me decía– que no me voy a morir.

–Te lo prometo –le reafirmaba con mi mejor cara–, solo se mueren los que olvidan y yo no te olvidaré nunca.

–Tú tienes buenas relaciones con Dios –insistía– y quizás Él te oiga.

–Es que no entiendo por qué uno debe de morirse.

–¿Te imaginas con más de cien años sin poder caminar ni hablar?

–Es que Dios no debió haber inventado la vejez, es la juventud eterna lo que debió ser su mayor logro y así todos viviríamos felices y se ahorraría el cielo.

Su teoría me gustaba mucho, a veces en mis oraciones me atrevía a sugerirle al creador, para quien nada es imposible, que rectificara las cosas y casi pensé que estaba en eso cuando una tarde vi a una amiga mía de mi misma edad envuelta en una belleza desconcertante.

Ella notó mi asombro al ver mi mirada de incredulidad.

Con una sonrisa un poco torcida pero graciosa me dijo casi susurrando: “Nada que un buen cirujano plástico no pueda remediar. Todo lo que ves es nuevo” y, sin ningún rubor, se señaló las partes recompuestas. Solo al caminar noté cierto estilo que ella de inmediato en voz alta, mientras se alejaba, me apuntó: “Es reumatismo crónico, pero cuando camino despacio, quienes me ven, creen que es elegancia”, y soltó una carcajada.

Definitivamente, Dios envió a sus ángeles disfrazados de cirujanos plásticos y muchos no nos hemos dado cuenta… Le comenté a la tía lo que había visto y le dije que, si ella quería, podía mejorar un poco.

–¡Qué va! –me dijo–, no quiero cambiar nada –e insistió–, yo lo que quiero es vivir siempre, mis arrugas tienen su encanto –y me miró con picardía.

Y mi tía, tal como le prometí, no morirá nunca, cada día la recuerdo con infinito amor.

2 Responses to “La tía Angelita y la eterna belleza”

  1. Teresa

    Jun 30th, 2015

    Como siempre, bello relato.

  2. Allan Garcia

    Jul 4th, 2015

    Eres bueno Freddy, muy bueno…

    Deberías hacer una compilación de esos escritos con sus respectivas ilustraciones en un buen libro de colección…

    Si lo haces o decides hacerlo me deja diagramarlo….

    829-499-9985

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